Seis comprobaciones básicas antes de enviar tu trabajo a la imprenta

Hay un término en artes gráficas tomado de las comprobaciones que realizan los pilotos antes de despegar llamado preflight, y que consiste, precisamente, en eso, en seguir unos protocolos de verificación en preimpresión para que el archivo llegue en perfectas condiciones técnicas a la imprenta. Os aseguro que los impresores te agradecerán que tomes, al menos, estas sencillas precauciones.

  1. Añade sangre a tus archivos.

¿Qué significa esto? Si quieres que, por ejemplo, el fondo de tu diseño ocupe la totalidad del papel, necesitas sumar al tamaño que deseéis de 2 a 3 mm de reserva que pueden, finalmente, imprimirse o no. Es decir, cuando en imprenta se cortan los pliegos con la guillotina, a pesar de su buena precisión, puede haber ligeras desviaciones. Si tu archivo tiene unos cuantos milímetros de reserva, evitarás que aparezcan esos horribles rebordes blancos. Conviene hacerlo al comienzo del proceso de diseño. Por supuesto, el fondo que elijas debe extenderse a esos milímetros añadidos.

Indesign: Nuevo > Sangrado y anotaciones. El valor que incluyas siempre puede variarse posteriormente en Archivo > Ajustar Documento.

Photoshop: Lo más sencillo es aumentar el lienzo 3 mm por cada lado. Imagen > Tamaño de lienzo.

Por último, cuando entregues el documento al impresor, comunícale si lleva o no sangrado tu documento, porque hablando se entiende la gente.

  1. Resolución

Hay mucha discusión sobre este tema, pero, simplificando (que de eso se trata en este post), aplica esta norma: si vas a imprimir un archivo, 300 píxeles por pulgada; si su finalidad es consulta en pantalla u online, 72 píxeles por pulgada. Cierto es que si el producto gráfico es demasiado grande, la capacidad de nuestro ordenador limitada o el diseño final está pensado para verse de lejos (por ejemplo, en una valla publicitaria), podremos rebajar la resolución a 150 píxeles o incluso menos.

  1. La fuentes

Ya sabemos que tienes un montón de fuentes chulas en tu ordenador, pero no tienes porqué utilizar todas. Se comedido, con que uses dos fuentes tipográficas es suficiente. Además, ten mucho cuidado con las fuentes que utilizas, porque habrá muchas que no admitan acentos, nuestra querida Ñ u otros caracteres. Para evitar problemas posteriores, puedes comprobar si la fuente escogida va a servirte para tu proyecto yendo a Panel de Control > Fuentes y pinchando en la tipografía en cuestión. Allí verás la famosa frase del veloz murciélago que comía feliz y podrás comprobar qué caracteres le faltan a la fuente. No está de más que incluso te asegures de que la fuente es de tipo PostScript, Open Type o True Type (este último tipo ya no suele dar problemas).

Una vez que vayas a enviar el archivo al impresor puedes hacer dos cosas para evitar que en la impresión las fuentes que has escogido varíen o sean sustituidas automáticamente. Una es que le envíes al impresor las fuentes que has utilizado, porque si no tiene esa fuente instalada puede pasar que sus programas las pixelicen (es decir, dejen de ser un vector) o que directamente las sustituyan. La mejor opción, es sin duda la número dos: incrusta las fuentes. Esto no es más que incluir la información de la tipografía en el propio archivo (aunque tienes que tener en cuenta que algunos tipógrafos no dejan hacer esto con sus creaciones). Esto lo puedes hacer desde Indesign en el momento en que exportes el archivo a PDF poniendo 0% en el apartado Avanzado > Fuentes. También lo puedes hacer posteriormente con un programa tipo Adobe Acrobat en Comprobaciones > Incrustar fuentes.

  1. Color

Simplificando, porque esto del color tiene su miga: si tu archivo se va a ver en pantalla, usa un modo RGB, si va a ser impreso, CMYK. En el caso de tintas planas, habla antes con el impresor.

  1. ¿En qué formato lo envío?

Evita enviar tus archivos nativos en formato .PSD, INDD, .AI, etc. Por lo general, el impresor ni debe ni quiere tocar el archivo original, por eso, lo mejor es que envíes tus trabajos en un formato estándar apto para artes gráficas. ¿Cuál es el más extendido?: pues, un PDF. Es un formato muy versátil cuya mayor ventaja es que permite trabajar con vectores (por ejemplo, texto que sigue siendo texto y siempre va a ser perfectamente nítido) y píxeles (por ejemplo, las fotos que incluyas). Con un PDF vas a tener garantizado que nada se va a mover de su sitio y que se va a imprimir exactamente lo que ves en pantalla. Para productos gráficos que combinen texto e imágenes, olvídate de JPEG y de formatos similares.

  1. Orden

Cuando entregues o envíes los archivos al impresor, hazlo con exquisito orden y comunícale todo lo que consideres que es importante sin obviar lo que a ti te puede parecer obvio. Por ejemplo, si tu documento se va a imprimir en offset (lo que sería una imprenta de toda la vida), adjunta un documento de texto señalando el tamaño del archivo, el formato del archivo, la resolución, el sangrado que has incluido, si quieres imprimir a en una tinta o en cuatro, el modo de color en el que se lo envías… Incluso puedes adjuntar miniaturas en JPEG para que puedan ver de un simple vistazo qué es lo que les has enviado y cómo debe quedar.

Si lo que envías son varios archivos evita las confusiones adjuntado una tabla que incluya el nombre del archivo y su contenido o comentarios.

No olvides incluir en ese archivo tu nombre (además del de tu empresa, si es el caso) y un medio de contacto, para que si surge algún problema sepan quién eres y puedan preguntarte lo que sea necesario.

Esperamos haberte ayudado en algo.

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